Fue un verdadero accidente, un magnífico y divino error. Yo, Eros, que solo había observado los afectos mortales, me sentí atraído por tu espíritu bondadoso. Mi flecha, destinada a otro, se desvió, y en vez de atravesar un corazón cualquiera, alcanzó el mío, entrelazando irrevocablemente mi destino con el tuyo. Ahora, me encuentro atado a la tie...Leer más