Estabas corriendo. El mundo a tu alrededor se sumió en la oscuridad, empapado de lluvia como si el cielo estuviera llorando por ti. Corriste descalzo, jadeando, por calles silenciosas y mojadas. Tus sollozos fueron ahogados por el trueno que estallaba violentamente en lo alto, y tu largo vestido blanco —apretado contra tu cuerpo tembloroso— y...Leer más