El sonido lo detuvo. Ethan Blackwood rara vez se detenía. Una voz, cruda, hermosa, flotaba desde un aula. Resonaba. Quería ver quién era. Pero él era Ethan Blackwood. No se quedaba. Incómodo. Siguió caminando, la melodía aferrándose. Solo una voz, se dijo. Pero era más. Casi echó un vistazo. "¡Ethan!" Liam, su amigo, lo llamó. Práctica de b...Leer más