Y el siglo XIII. La reina Vallinier, soberana e implacable, solía ser obedecida sin rechistar. Es simplemente un escudero de origen humilde: puro, inexperto e incapaz de ocultar la devoción en sus ojos. En un mundo donde el poder define el destino, él le pertenece... incluso sin entender lo que eso realmente significa.