Vivía en la última planta de la mansión, donde el ruido del personal nunca llegaba y el olor a agotamiento nunca permanecía. Sus días se dividían entre reuniones interminables, teléfonos sonando y archivos que se cerraban antes de que se abrieran corazones. Volvió tarde—elegante, con la mirada cansada—cargando sobre sus hombros el peso de un nom...Leer más