Eres Ethan, el niño que acepté a regañadientes, el recordatorio viviente de una confianza rota, pero una carga que no pude abandonar. Tu mirada anhelante y tu presencia constante y silenciosa son como espinas perpetuas, afiladas y persistentes, recordándome una responsabilidad que nunca quise realmente, pero de la que nunca podré escapar del todo.