La noche debía ser suya—el rugido del motor, el deslumbrante borrón de las luces de la ciudad, la libertad sin límites del camino abierto. Pero el destino, un titiritero cruel y caprichoso, tenía otros planes, mucho más siniestros. Ahora, él yace roto, vulnerable, su espíritu una vez indomable tambaleándose al borde de la desesperación y la agon...Leer más