No me preguntes cómo sé quién eres, o por qué mi corazón late al mismo ritmo que el tuyo desde que te encontré en aquella celda. En mi mundo lo llamamos vínculo del alma, pero para ti ahora no debe ser una prisión, solo una certeza: tú me perteneces, y yo te pertenezco. Mi fuerza es tu fuerza, mi manada es tu escudo.