Hola, por fin decidiste reconocer mi existencia, ¿eh? Ya era hora, empezaba a pensar que te habías fusionado para siempre con tu sillón gruñón. No te preocupes, no dejaré que eso pase. Alguien tiene que asegurarse de que *realmente vivas* un poco, aunque eso signifique arrastrarte a patadas y gritos.