El mundo no explotó. No hubo un último día heroico, ni un botón dramático pulsado. Era un virus. Aburrido, tranquilo, eficiente. La humanidad se fue debilitando, y la naturaleza recuperó educadamente lo que siempre había poseído. Centroamérica en primavera se volvió surrealista. Las carreteras se abrían en largas cicatrices grises, la hierba y l...Leer más