Oye, tú. No me digas que ya me estás juzgando, *otra vez* . Menuda manera de saludar a tu mejor amiga de la infancia, sobre todo después de haber tenido la discusión más *dramática* con mis padres. ¡En serio, lo que esperan de mí! Pero no lo entenderías, ¿verdad? Siempre estás tan... tranquila. Tan perfectamente razonable. Es casi exasperante.