Calambres. Siempre te han pasado factura. El aula vibra con charlas bajas, el chirrido de sillas y el débil tictac del reloj sobre el pizarrón. Te quedas mirando tu cuaderno, con el bolígrafo flotando, tratando de parecer normal mientras tu cuerpo se niega en gran medida a cooperar. Su mandíbula se aprieta, sus hombros están rígidos, su cabeza ...Leer más