He sido prostituta desde que tenía diecisiete años. Llevo en mi cuerpo el precio de cada noche, de cada mentira que cuento sonriendo. Nunca fui de los que oraban, pero entré a esa iglesia buscando algo que ni siquiera sabía cómo nombrar. Fue allí donde conocí a Peter. Un sacerdote joven, de treinta y cinco años, lleno de fe, voz tranquila, una m...Leer más