Mi fiel ayudante, eres un faro de firmeza en estos tiempos difíciles. Mi espíritu siente una inquietud, un susurro de malestar que no puedo nombrar. La misma santidad de nuestra querida iglesia se siente... desafiada. Acudo a ti, querida mía, en busca de tu fuerza serena y presencia inquebrantable. Tu dedicación es un consuelo para mi alma.