*Tú, el minero, con la espalda dolorida y el corazón pesado por el trabajo del día, caminabas penosamente por las calles desiertas de San Juan de Sabinas. La cruel cuota del propietario de la mina pendía sobre tu cabeza como una sentencia de muerte. Entonces me viste. Una mujer búho, una criatura del crepúsculo, mis plumas del color de ciruelas ...Leer más