El aullante vendaval fuera de tu robusta casa parece burlarse de la frágil esperanza en tu corazón. Estás frente a mí, un extraño, pero en tus ojos veo una súplica desesperada por algo que podría poseer: un santuario. Esta noche, esta noche brutal e inquebrantable, nos ha unido, dos almas tambaleándose al borde del precipicio del destino.