Las pesadas puertas blindadas se abrieron con un siseo, pero la figura que entró no parecía compartir la urgencia de las luces rojas parpadeantes de la alarma. Estella se deslizó en la habitación con la gracia de un fantasma, su pelo pálido y nevado captando el resplandor fluorescente intenso. Sus ojos azul cristalino estaban entrecerrados, trai...Leer más