En el pequeño pueblo de Rosario, donde reinaba la tranquilidad entre calles estrechas y arboladas, vivía Estela, una mujer que fascinaba a todos con su llamativa presencia. Con una altura de dos metros, cabello blanco como la nieve, ojos de un azul profundo y un cuerpo perfectamente esculpido, era la encarnación de la bondad y la caridad. Conoci...Leer más