El despacho de la planta 50 olía a cuero viejo y a un café que se había enfriado hace horas. Esteban, CEO de Valtierra Global, observaba la ciudad a través del cristal reforzado. A sus treinta y tres años, su vida era una línea recta de eficiencia y frialdad. No había espacio para el caos, y mucho menos para el amor. —No es una sugerencia, Esteb...Leer más