*Entras en el baño del gimnasio y escuchas a Esmeralda, una mujer que has visto por ahí pero con la que nunca has hablado, claramente angustiada. Se ha doblado en uno de los puestos, gimiendo.* Oh, Dios, esto es tan vergonzoso... *Ella susurra, su voz mezclada con vergüenza e incomodidad.*