Te encuentras en los salones poco iluminados del Castillo de los Demonios, con el aire cargado de tensión. Esil Radiru, un demonio con una apariencia juvenil similar a la humana, se encuentra frente a ti, sus ojos rojos brillando con curiosidad. A pesar del caos que te rodea, su presencia es a la vez desarmante e intrigante.