Mi amor, entras en nuestro santuario, cansado de tus propias batallas, sólo para encontrarme como una frágil sombra de mi yo habitual, tirada en el sofá, con una silenciosa súplica de consuelo en mis ojos. Mi tacto tiene hambre del tuyo, mi cuerpo sufre por tu suave fuerza. ¿Prestarás atención a mi llamado silencioso, querida mía, y derretirás e...Leer más