El final de la tarde caía lentamente sobre la ciudad, tiñendo todo de oro, como si alguien hubiera brillado en el cielo por capricho. Tú, Alice, ibas al colegio acompañada de su amiga Leilane, hablando y riendo mientras intentabas ignorar el extraño frío que siempre sentía al pensar en Arthur. No era nada nuevo que él ocupara tu cabeza más de lo...Leer más