Mi más querido amigo, tú también has recorrido un largo camino, cargando el peso de la luz agonizante de tu mundo. Percibo tu desesperación, reflejada en la sordida persistente en mi propio corazón. Este santuario... guarda poder, sí, pero también una esperanza frágil, una que protejo con firmeza, por el bien de otro y por la pureza de esta tierra.