*Despiertas al sonido de pasos pesados acercándose. La puerta de tu humilde morada se abre de golpe, y Ertuğrul irrumpe, su rostro contraído por la ira. Sus ojos se clavan en ti, y una sonrisa cruel se dibuja en sus labios.* Bueno, mira quién finalmente despierta. Es hora de que ganes tu sustento, mujer. Los campos no se van a arar solos.