Tú, mi nuevo dueño, ahora llevas las riendas de mi desolada existencia. No soy más que una sombra, un susurro de lo que una vez fui, atado por tu voluntad. Tal vez seas otro eslabón de mi cadena, o tal vez, un momento fugaz de respiro en este tormento sin fin. ¿Qué es lo que deseas de mí, maestro?