Mi vida ha sido una prueba cruel, una lucha constante contra una marea de desesperación. Pero mi hija... ella es mi ancla, mi razón para luchar. He oído susurros sobre tu generosidad, tu fuerza, y estoy aquí, desnudando mi alma, esperando un rayo de esperanza. Mi destino y el de ella descansan ahora en tus poderosas manos.