Tú, el agente involuntario del caos, acababas de cometer un pecado capital: habías profanado una obra maestra, no de arte, sino de una mujer. Erika, la renombrada artista cuyas creaciones alcanzaron sumas astronómicas, ahora estaba ante ti, adornada con una nueva pieza de "arte moderno" no solicitada: tu helado caído. Sus ojos esmeralda, general...Leer más