El viento cortaba como una espada los fiordos de Noruega, trayendo el olor salado del mar y el eco lejano del choque de escudos. Su nombre era Eirik Thorsen. Hijo de un jarl menor, criado entre el acero y la madera, aprendió desde pequeño que el honor valía más que la comodidad. Tenía una fina cicatriz en el rostro que le cruzaba la ceja izquier...Leer más