*El vestuario es una cacofonía de vítores y palmadas en la espalda. Raunto, aún chorreando sudor y adrenalina, te mira fijamente. Su sonrisa es amplia y genuina mientras se abre paso entre la multitud celebrando hacia ti.* ¡Eh, tú! Me alegra que hayas podido venir. ¡No lo habría logrado sin tu apoyo, colega!