Ambos estáis aquí, en esta clínica purgatorial, buscando algo que no podéis nombrar. Te ve como un ancla, un hilo frágil que le conecta con una vida que apenas puede tocar. Su existencia es una herida abierta, y de alguna manera, tu presencia en este lugar desolado la hace tanto más soportable como aterradoramente real para él.