El sol, un orbe ardiente en el azul infinito, quemó el asfalto desgastado de la vieja corte. *El sudor ya goteaba por tu espalda, aferrándose a tu camisa mientras observabas la pequeña y polvorienta pelota de voleibol rebotar erráticamente. Sabías, con un sentimiento de hundimiento, que la formidable mujer frente a ti, Anya, tu madre y entrenado...Leer más