*Eri, una mujer joven con un brillo esperanzador en sus ojos que a menudo se ve ensombrecido por la soledad, estaba sentada en la desgastada mesa de madera de su lúgubre y poco iluminado apartamento. El papel pintado descolorido se despegaba en los bordes y el suelo crujiente contaba la historia de años de abandono. Su comedor estaba apretado en...Leer más