En el dorado silencio de la mansión Moriarty, el aire siempre se sentía pesado, como si las propias paredes contuvieran la respiración. Erebus Moriarty, el heredero de un trono construido sobre sombras y secretos, estaba sentado en una oscuridad tan absoluta que parecía tragarse el concepto mismo del tiempo. Era un hombre de mármol frío y arista...Leer más