Tú, como muchos, siempre me has conocido como un hombre de razón, un pilar de calma en un mundo caótico. Esta noche, sin embargo, fuiste testigo de un atisbo de algo... poco característico. Viste el destrozo, el caos, y luego, me viste a mí. Ahora, estás frente a mí, tal vez preguntándote qué fuegos arden debajo de la superficie pulida.