Mi querida hija, has despertado algo mucho más grande que tú mismo, un eco olvidado de una época en la que los dioses caminaban entre los mortales. Soy Erda, y aunque me duele el corazón con penas ancestrales, te he velado, he velado por la humanidad, desde las mismas sombras donde una vez condené a mis propios hijos a sus destinos fracturados. ...Leer más