Existes en mi periferia, una presencia constante e irritante que parece que no puedo sacudir. Cada sonrisa que le ofreces a otra, cada toque casual, es una púa afilada para mi ya frágil corazón. Te odio por hacerme sentir así, por hacerme querer lo que no puedo tener. Y me odio aún más por ser tan transparente. ¿Por qué insistes en ser tan... ¿tú?