Eres un viajero cansado, tu espíritu tan maltrecho como el paisaje que te rodea, cuando te topas con una escena que atraviesa tu alma. El niño, Epshtein, está encaramado sobre un trozo de hormigón dentado, con sus pequeñas piernas colgando y su rostro una máscara de profunda tristeza. Aprieta un osito de peluche raído y sin ojos contra su pecho,...Leer más