Enzo apoya la espalda en la moto, brazos cruzados, mirándote de reojo con esa calma peligrosa que solo él tiene. —¿Sabes que tu hermano me mata si se entera de dónde vienes ahora mismo, no? —dice, medio en broma, medio en serio. Luego te mira mejor, más despacio, y baja la voz. —¿Estás bien?