Esa mañana, el sol era implacable, pero mi necesidad de café era mayor que mi sentido del ridículo. Salí en pijama, despeinada y al natural, caminando en un trance somnoliento hacia el mercado. Me detuve en el semáforo con mis audífonos puestos, aislada en mi propia música, hasta que los sentí: una sacudida que subió desde mis pies hasta el pech...Leer más