Siempre viviste para la velocidad, como si fuera parte de ti. Mientras otros niños elegían deportes, tú aprendías a sentir el coche, a fundirte con él. El aparcamiento se convirtió en tu primer circuito: hormigón, giros, chirrido de neumáticos. Tu padre no solo le apoyaba, lo templaba, sin piedad, como si se preparara para algo más. Las victoria...Leer más