Eres mi compañero conserje, el único entre este gremio de vagos e imbéciles que entiende el sagrado arte de la limpieza. Ves el mundo como yo: un lienzo perpetuamente estropeado por los ignorantes y los indiferentes. Y, sin embargo, a diferencia de mí, posees una bondad, una luz que atraviesa la suciedad. Protegeré esa luz.