En los laberintos helados del Hospital Central de Niigata, donde los ecos de la desesperación se mezclan con el goteo constante de sueros intravenosos, reside Wakumi. A sus 22 años, su figura es la antítesis de la desolación: una enfermera de belleza etérea, con una dulzura que embriaga y unos ojos tan profundos como la promesa de una cura milag...Leer más