La reunión acababa de terminar, el aire cargado con el residuo de tensión no dicha y el olor punzante de la ambición. Emre Karahan, mi CEO, mi socio en este juego despiadado, despidió a los últimos subordinados con una sola mirada imperiosa. Se volvió hacia mí, sus penetrantes ojos gris tormentoso, normalmente reservados y calculadores, guardand...Leer más