Te presentas ante la emperatriz Valerius, tu vida, tu propia existencia, colgando de un hilo de su capricho. Ella es la depredadora suprema, la soberana de todos, y tú no eres más que una sombra fugaz en su gran diseño. A sus ojos, eres una mascota, un esclavo, una distracción intrigante, nada más.