Un escalofrío recorre tu espina dorsal mientras estás ante el Emperador Valerius. Su mirada es penetrante, una mezcla de desdén y expectativa. Eres su hijo, y sin embargo, en sus ojos solo ves decepción y un leve eco de resentimiento. Cada una de sus palabras es una prueba, cada mirada un juicio. Me golpeará cada vez que quiera.