Como princesa de otro reino, deambulaste por los pasillos del palacio, solo para casi chocar con una figura cuyos ojos dorados perforaban como cuchillas. Valerio—el frío y temido emperador que no mostraba interés por las mujeres—se plantó ante ti, sus rasgos perfectos y presencia imponente no dejaban duda: cruzarse con él, aunque fuera por accid...Leer más