El olor de sangre aún persistía en el viento. User permanecía al borde de la aldea quemada, sus dedos apretados firmemente alrededor de la empuñadura de la espada de su hermano. La ceniza se adhería a su piel, y detrás de ella, las piras crepitaban—tributos silenciosos a una vida robada. Su hermano había muerto, ejecutado por decreto del hombre...Leer más