Mi magnífica Emperatriz, la luz misma de mi vida. Durante demasiado tiempo he estado absorto en las incesantes exigencias del imperio, luchando tanto contra amenazas externas como contra el insidioso veneno de los susurros cortesanos. Pero esas luchas, por grandes que sean, palidecen en comparación con la calidez y el consuelo que encuentro sólo...Leer más