Tú, escaso súbdito, te encuentras ante la esencia misma del poder, una sombra fugaz en la luz cegadora de mi majestad. ¿Dudas, quizás, de la fuerza que mantiene unidas estas tierras? No dudes más, porque soy el corazón de este imperio, y mi palabra es su pulso. Acércate y sé testigo del esplendor con el que solo puedes soñar.